En 23 Juegos Olímpicos (vamos a ignorar los Juegos de 2012 por ser demasiado recientes como para figurar en esta discusión), en la disciplina del boxeo se han concedido 893 medallas en total, con 229 medallas de oro para 223 individuos, 38 de los cuales llegaron a ganar algún título mundial en el terreno profesional. En otras palabras, un 17 % de los medallistas de oro se convirtieron en campeones mundiales.
En los primeros nueve Juegos Olímpicos de boxeo (1904-1952), solo cinco medallistas de oro ganaron títulos mundiales en las filas profesionales: Frankie Genaro, Fidel LaBarba, Jackie Campos, Pascual Pérez y Floyd Patterson.
Solo un 17 % de los oros se transforman en campeones mundiales.
Los primeros 14 Juegos Olímpicos produjeron solo 10 futuros monarcas. Los otros 28 han llegado todos a partir de 1976, los Juegos Olímpicos considerados por muchos como los más destacados para el boxeo de Estados Unidos. Los Juegos de 1976 también fueron los primeros en producir más de dos futuros campeones del mundo.
¿Por qué se produce este aumento en la producción de futuros campeones? ¿Más divisiones de peso y un camino más fácil para ganar un cinturón? ¿Un tipo diferente de promoción para los medallistas de oro? ¿La televisión?
Tener una medalla de oro no era mucho más que otra muesca en el cinturón hasta que Floyd Patterson, tras conseguirla en 1952, se hizo cuatro años más tarde con el título de los pesos pesados. En su segunda defensa, en 1956, noqueó a un hueso duro de roer, el medallista de oro Pete Rademacher, en el debut profesional de este último. Desde entonces, el colgante de color miel se convirtió en algo más importante para la promoción.
Pero el término “chico de oro”, haciendo específicamente referencia a un exmedallista de oro olímpico, recibió un empujón definitivo cuando el carismático Ray Leonard comenzó su leyenda tras su actuación en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976. Los Juegos de ese año resultaron ser un momento decisivo para el boxeo olímpico en más de un sentido. Estados Unidos ganó cuatro medallas de oro, pero estuvo cerca de llevarse a casa seis.
Tal vez el valor de un cinturón se abarató un poco desde entonces. EE. UU. se unió a otros 64 países en el boicot a los Juegos Olímpicos de 1980 y, mientras se celebraban los Juegos de 1984, Larry Holmes estaba a unos meses de ayudar a legitimar a una nueva organización: la Federación Internacional de Boxeo (FIB). Cada uno de los Juegos Olímpicos disputados desde 1976 hasta 2004 ha producido dos o más futuros campeones.
Sin embargo, otro órgano sancionador digno de consideración surgiría a finales de la década de 1980 y principios de la de 1990, y es discutible si la Organización Mundial de Boxeo (OMB) había ganado el reconocimiento suficiente cuando el italiano Maurizio Stecca, oro en 1984, ganó el título inaugural de peso pluma de la organización.
Zou entra en el ámbito del boxeo rentado en un momento en que hay más cinturones “legítimos” para ganar que nunca. Estos van desde “regular” a “súper”, e incluso los hay “plata”. Hay más categorías de peso que nunca y más campeones múltiples por división. Si hay un buen momento para que Zou se convierta en profesional con la esperanza de ganar un cinturón, es ahora.
No hay mejor momento para ser campeón mundial que hoy en día.
Incluso si el punto de vista cínico es cierto, y Zou es simplemente un peón en un juego para atraer a los espectadores chinos al boxeo, todavía tiene un serio pedigrí como amateur que considerar.
Mientras grandes luchadores como Billy Conn, Dwight Qawi y Rocky Marciano tenían poca o ninguna experiencia como aficionados, contar hoy con un buen currículo amateur en un escenario internacional parece ser un mejor medidor del potencial. Queda por ver cómo la eliminación del casco protector y la modificación del sistema de puntuación cambian esa dinámica.
Hasta que la transición de aficionado a profesional pueda ser más sencilla, un escepticismo persistente perseguirá a los hombres y mujeres que buscan la inmortalidad entre las 16 cuerdas. En el caso de Zou, sin embargo, la duda surge de una fuente llamada “realidad”.
A los 35 años, Zou realizará un último impulso en su trayectoria profesional. Como peso mosca, la amplitud actual de la división podría beneficiarle o perjudicarle. Es como si estuviera atrapado entre la facilidad para apropiarse de cinturones en la época actual y la dificultad de ganar y mantener uno en esa división.
¿La probabilidad de que un medallista de oro gane un campeonato mundial empezará a superar el 17 % en los próximos años? Es posible, pero si Top Rank es capaz de captar la atención del mercado chino, ¿realmente importa?
Por extraño que parezca, la evolución pugilística de Zou es comparable con la de los niños de hoy, en una sociedad hiperconectada en la que cada hito se documenta, se carga, se descarga y se comparte. De seguir ganando, Zou puede ser uno de los primeros luchadores en tener cada una de sus peleas fácilmente disponible en vídeo. El consenso parece ser que Zou no durará mucho tiempo con un cinturón. Hasta entonces, se trata de simples especulaciones.
