Robinson vs Graziano: Llegó tarde, pero cumplió

Robinson vs. Graziano

Con frecuencia, combates que parecen inevitables simplemente no se concretan. Ese fue el caso del enfrentamiento lógico entre dos astros neoyorquinos: Sugar Ray Robinson y Rocky Graziano. Aunque Robinson reinó en el peso wélter durante casi toda su carrera y Graziano era un peso medio natural, ambos eran imanes para las grandes audiencias. Sin embargo, el duelo no se produjo hasta que ya era demasiado tarde, y ni siquiera tuvo a Nueva York como escenario.

El contexto: 1951, un año de cambios

En 1951, Sugar Ray ya había ascendido al peso mediano tras noquear a Jake LaMotta en la célebre "Masacre del Día de San Valentín". Con ello, capturaba el mismo título que Graziano había ostentado años atrás durante su sangrienta trilogía con Tony Zale, una guerra que concluyó en 1948 cuando "El Hombre de Acero" noqueó a Rocky por segunda vez.

Pese a aquel revés, Graziano (nacido como Thomas Rocco Barbella) se había recuperado con una racha impresionante de victorias sobre figuras como Charley Fusari y Tony Janiro. Por su parte, Robinson (Walker Smith Jr.), cuya leyenda ya estaba escrita, venía de una derrota ante Randy Turpin y una posterior revancha triunfal en el Polo Grounds. Tras vencer a Carl "Bobo" Olson en marzo de 1952, la cita con Graziano quedó fijada en Chicago. A sus 31 años, Robinson buscaba mantenerse activo y exprimir la agilidad que aún conservaban sus piernas.

La estrategia: ¿Boxeo o guerra?

Aunque el Chicago Stadium registró un lleno absoluto, pocos daban opciones a "The Rock". No era un secreto para nadie: Rocky solo sabía pelear de una forma, buscando el "bombazo" con su potente derecha. Robinson era el púgil infinitamente más versátil, dotado de un juego de piernas y una inteligencia sobre el ring incomparables.

La gran incógnita era táctica: ¿Boxearía Ray con cautela o aceptaría el intercambio de metralla? Para sorpresa de los presentes, Robinson eligió la segunda opción. Desde el primer asalto, avanzó lanzando golpes demoledores. La batalla fue encarnizada: agarres, golpes a la nuca por parte de Graziano y una velocidad de manos eléctrica por parte del campeón. Robinson llegó a acorralar a Rocky contra las cuerdas, castigándolo con ambas manos en un despliegue de poderío.

El clímax: El derechazo que apagó las luces

En el segundo round, siguiendo instrucciones de su esquina, Robinson bajó el ritmo. Ese respiro permitió a Graziano ganar impulso y conectar sus característicos golpes de poder. Al sonar la campana, el aspirante incluso saludó a Ray con un gesto desafiante, como diciendo: "Casi te tengo".

El tercer asalto fue pura pirotecnia. Robinson desató una andanada de golpes que hizo retroceder a Rocky, pero en su ímpetu quedó desequilibrado. Un derechazo desesperado de Graziano, aunque no conectó limpiamente, tuvo fuerza suficiente para hacer que el campeón hincara la rodilla. Ray se levantó de inmediato; el árbitro ni siquiera inició la cuenta y la batalla continuó.

Entonces, el genio de Robinson cambió el guion. Acorraló a Graziano contra las cuerdas y conectó dos ganchos de izquierda seguidos de un derechazo seco y definitivo. El impacto fue tan brutal que el protector bucal de Rocky salió volando. Graziano se mantuvo un segundo en pie, inerte, antes de desplomarse. Aunque intentó reanimarse en la lona, para cuando recuperó la consciencia, la cuenta ya había llegado a diez.

“Creí que tenía tiempo de levantarme, pero las piernas me fallaron”, se lamentó Rocky en el vestuario. 
“Un segundo iba ganando, al siguiente oía la cuenta. ¡Vaya, este tipo pega fuerte! Es un grande”.

Robinson, igual de caballeroso, admitió el peligro: "Menos mal que no me dio en la barbilla. He conocido a muchos boxeadores duros… pero ninguno me ha golpeado más fuerte que Rocky".

Caminos divergentes

Para Graziano, aquel fue el principio del fin. Poco después perdió ante la joven promesa Chuck Davey y, con sabiduría, decidió retirarse para triunfar en el mundo del espectáculo.

Robinson también se retiraría brevemente tras perder contra Joey Maxim en su siguiente pelea, pero su historia no terminaría ahí. Menos de tres años después, regresaría para protagonizar otra etapa gloriosa, dejando para la posteridad batallas memorables ante Basilio, Fullmer y Giardello.

Michael Carbert

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