El árbitro hace desaparecer el triunfo de Verhoeven ante un Usyk momificado.

El campeón ucraniano retuvo sus títulos con un KO técnico "fantasma" a un segundo del final del undécimo asalto, tras firmar una de las peores actuaciones de su carrera ante un kickboxer que rozó la hazaña histórica.

El árbitro da por finalizado el combate de Rico Verhoeven, otorgando la victoria a Oleksandr Usyk en el undécimo asalto. (Amr Abdallah Dalsh/Reuters)

Lo que se diseñó como una noche de gala y espectáculo a los pies de las majestuosas pirámides de Guiza estuvo a punto de convertirse en el mayor batacazo del boxeo moderno. Oleksandr Usyk, el monarca indiscutible, el estratega que descifró a Tyson Fury y trituró a Anthony Joshua, sobrevivió de milagro. Retuvo sus cinturones de peso pesado de la AMB, el CMB y la FIB, sí, pero dejó en la arena de Egipto algo mucho más valioso: su aura de invencibilidad. 

El desenlace del combate va a alimentar los debates de las tertulias boxísticas durante meses. Nos encontrábamos en el undécimo asalto de una guerra de desgaste donde el aspirante, la leyenda del kickboxing Rico Verhoeven, estaba rompiendo todos los pronósticos.

Usyk, oliendo el peligro y sabiéndose abajo en las cartulinas, apretó los dientes y logró cazar a Verhoeven con una mano durísima que lo envió a las cuerdas. El neerlandés superó la cuenta, pero justo cuando sonaba la campana que marcaba el final del asalto -o una fracción de segundo después, según las airadas protestas de la esquina del retador-, el árbitro Mark Lyson decidió parar la pelea decretando el KO técnico.

La indignación de Verhoeven y su equipo está más que justificada cuando analizamos el panorama completo. Al terminar el décimo asalto, el desastre para el ucraniano era real. Dos jueces tenían la pelea empatada (95-95) y el tercero daba ganador a Verhoeven (96-94).

Un Usyk desconocido

La actuación de Oleksandr Usyk fue, sin paños calientes, la peor de su trayectoria profesional. Se vio a un púgil lento de piernas, incapaz de anticipar los ataques y con graves problemas para encontrar la distancia de su 'jab'.

Verhoeven, cuyo único combate de boxeo profesional databa de 2014, saltó al cuadrilátero sin ningún tipo de complejo. Utilizó un ritmo rítmicamente entrecortado (jerky style) y una presión demoledora que cortocircuitó por completo la matriz boxística de Usyk. El campeón de kickboxing impuso su físico, ensució el combate cuando le convino y conectó las manos más claras en los primeros dos tercios de la pelea, desnudando las carencias de un Usyk que pareció acusar el paso del tiempo y, quizás, una alarmante falta de motivación.
 

¿Y ahora qué?

El resultado oficial dice que Usyk ganó, pero las sensaciones térmicas del boxeo dictan una realidad completamente opuesta. Conserva los títulos (25-0), pero pierde su condición de intocable. Queda expuesto ante los pesos pesados de la división que buscarán presionarlo físicamente. Quizá la revancha obligatoria es la única forma de limpiar la mancha de Guiza y demostrar que solo fue una mala noche.

Pese a la derrota, Verhoeven sale del ring como el héroe moral de la velada. Demostró que el kickboxing de élite tiene los recursos para competir en la cumbre del boxeo. Su promotor ya ha anunciado que revisarán el video por haberse detenido la pelea tras la campana. Veremos en qué queda.

"Zapatero a tus zapatos". El viejo refrán nunca tuvo tanta vigencia. Cuando el boxeo de alta escuela intenta coquetear con el circo del entretenimiento y los combates cruzados, la pureza del deporte se distorsiona. Usyk aprendió a las malas que, fuera de su hábitat natural de retadores tradicionales, hasta los reyes absolutos pueden terminar pidiendo la hora en la sombra de las pirámides.

Publicar un comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente